domingo, 6 de julio de 2014

MISIONEROS DEL INFIERNO

Y les haré comer la carne de sus hijos y la carne de sus hijas, y cada uno comerá la carne de su amigo, en el asedio y en el apuro con que los estrecharán sus enemigos y los que buscan sus vidas. Jeremías; 19,9

Para el creyente toda la vida es un juego, todas las vidas. Un juego en el que se gana (se va al cielo) o se pierde (se va al infierno). Pero, ¡ay!, ni los propios creyentes se ponen de acuerdo en las reglas del juego. 

Unos creen que basta con ser buenos para ganar el juego, otros dicen que basta con la fe. Otros que una combinación de ambas cosas. En lo que sí que están todos de acuerdo es en que los jugadores que ignoran la existencia del juego siempre ganan. Son aquellos a los que no ha llegado el mensaje de Jesús, la ...ejem...buena nueva.

A todos los creyentes les parecería una crueldad divina que los ignorantes del evangelio tuvieran que ir al infierno, solo por haber nacido en Mongolia, o por haber tenido padres ateos.

De aquí se deduce inmediatamente que si los apóstoles se hubieran callado la boca hace dos mil años y no hubieran divulgado la buena nueva por todo el orbe, el evangelio entero sería hoy desconocido y todos los jugadores serían ganadores e irían al cielo.

Corolario: el mismo efecto han hecho los misioneros modernos, sucesores de los apóstoles. Gracias a ellos el mensaje de Jesús es conocido por personas que antes lo ignoraban y que pasan, de tener el cielo asegurado, a entrar en el juego en el que puden ganar o perder. Los misioneros son catapultas de almas al infierno.

Pero, ¿quien es el personaje bíblico precisamente interesado en llenar de almas el infierno?  A ese, y no a otro, es al que sirven los misioneros, como antes lo hicieron los apóstoles. Al portador de la luz...


EN NOMBRE DEL ATEÍSMO...

Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos. Libro primero de Samuel; 15,3

...no se ha realizado hasta hoy ninguna acción, negocio, actuación o argumentación. Y además ello es imposible.

Sin embargo continuamente oímos a creyentes explicar que (algunos de) los grandes males de la humanidad han tenido o tienen su origen en el ateísmo. Suelen meter en el mismo saco a Hitler, Stalin, Mao (y a otros más actuales) y se quedan tan contentos. 

Aparte de que, por ejemplo, Hitler era católico y en gran manera su pensamiento se inspiró en los escritos antisemitas de Lutero, lo que es importante resaltar es la imposibilidad lógica de basar cualquier acción humana  en el ateísmo de los actores respectivos.

Para, en el marco de un sistema de pensamiento, llegar a una conclusión, es necesario partir de, al menos, dos premisas o axiomas. Por ejemplo, si decimos a nuestros hijos que los magos traen regalos el seis de enero, no pasará nada. Si añadimos que sólo se los dejan a los niños buenos, entonces sí que veremos un cambio radical en el comportamiento de nuestra prole los días previos al evento.

En la entrada anterior ya hemos explicado que el ateísmo se posiciona ante el mundo desde la respuesta a una pregunta única, y propone una descripción del mundo a partir de una respuesta única. Por ello nunca será posible basar una acción en el ateísmo. Es decir, nunca habrá una cadena lógica que empiece con "...no hay dios..." y acabe con "...en conclusión, hay que exterminar a los judíos..."

Ni Hitler ni Mao ni Stalin hicieron nada en nombre del ateísmo, más bien en nombre de ideologías fundamentalistas, con verdades únicas y absolutas, y terribles castigos para los disidentes. Los fundamentalismos religiosos simplemente desplazan estos castigos a la vida después de la muerte. Las acciones de los dictadores que hemos citado como ejemplo, por tanto, no están en oposición a la religión, sino en franca concordancia con ella.

Así de claro.
   

EL ATEO AGNÓSTICO

Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. Romanos; 13,1

Vamos a empezar nuestra historia con una definición que nos aclare uno de los malentendidos más divulgados sobre la cuestión atea: ¿qué cree un ateo?

Como un creyente es alguien que cree en, al menos, un dios, parece natural llamar ateo a aquel que no cree en ni tan siquiera un dios. Así la descripción del mundo para un ateo parte de la respuesta a una única pregunta: ¿crees en un dios?--- No.

Por otro lado llamamos agnóstico a aquel que cree que ni la existencia ni la no existencia de un dios puede ser lógica- o científicamente demostrada. A pesar de que el contrario gramatical de agnóstico, gnóstico, denota en castellano a una corriente mística de los siglos II y III, vamos a usar ese término para aclarar conceptos.

Tiremos una moneda al aire y preguntemos si ha salido cara (hay dios) o cruz (no hay dios):

- el creyente gnóstico dirá que ha salido cara y que se puede demostrar tal cosa.
- el ateo gnóstico dirá que ha salido cruz y que se puede demostrar.
- el creyente agnóstico dirá que ha salido cara, pero que tal cosa no puede ser demostrada.
- el ateo agnóstico dirá que ha salido cruz, pero que ni tal cosa ni su contrario podrán jamás ser demostrados.

Así las cosas este es un blog escrito por un ateo agnóstico. Y a ello nos ceñiremos.