Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no
te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los
de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos. Libro primero de Samuel; 15,3
...no se ha realizado hasta hoy ninguna acción, negocio, actuación o argumentación. Y además ello es imposible.
Sin embargo continuamente oímos a creyentes explicar que (algunos de) los grandes males de la humanidad han tenido o tienen su origen en el ateísmo. Suelen meter en el mismo saco a Hitler, Stalin, Mao (y a otros más actuales) y se quedan tan contentos.
Aparte de que, por ejemplo, Hitler era católico y en gran manera su pensamiento se inspiró en los escritos antisemitas de Lutero, lo que es importante resaltar es la imposibilidad lógica de basar cualquier acción humana en el ateísmo de los actores respectivos.
Para, en el marco de un sistema de pensamiento, llegar a una conclusión, es necesario partir de, al menos, dos premisas o axiomas. Por ejemplo, si decimos a nuestros hijos que los magos traen regalos el seis de enero, no pasará nada. Si añadimos que sólo se los dejan a los niños buenos, entonces sí que veremos un cambio radical en el comportamiento de nuestra prole los días previos al evento.
En la entrada anterior ya hemos explicado que el ateísmo se posiciona ante el mundo desde la respuesta a una pregunta única, y propone una descripción del mundo a partir de una respuesta única. Por ello nunca será posible basar una acción en el ateísmo. Es decir, nunca habrá una cadena lógica que empiece con "...no hay dios..." y acabe con "...en conclusión, hay que exterminar a los judíos..."
Ni Hitler ni Mao ni Stalin hicieron nada en nombre del ateísmo, más bien en nombre de ideologías fundamentalistas, con verdades únicas y absolutas, y terribles castigos para los disidentes. Los fundamentalismos religiosos simplemente desplazan estos castigos a la vida después de la muerte. Las acciones de los dictadores que hemos citado como ejemplo, por tanto, no están en oposición a la religión, sino en franca concordancia con ella.
Así de claro.
Absolutamente irrefutable.
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