Y les haré comer la carne de sus hijos y la carne de sus
hijas, y cada uno comerá la carne de su amigo, en el asedio y en
el apuro con que los estrecharán sus enemigos y los que buscan sus
vidas. Jeremías; 19,9
Para el creyente toda la vida es un juego, todas las vidas. Un juego en el que se gana (se va al cielo) o se pierde (se va al infierno). Pero, ¡ay!, ni los propios creyentes se ponen de acuerdo en las reglas del juego.
Unos creen que basta con ser buenos para ganar el juego, otros dicen que basta con la fe. Otros que una combinación de ambas cosas. En lo que sí que están todos de acuerdo es en que los jugadores que ignoran la existencia del juego siempre ganan. Son aquellos a los que no ha llegado el mensaje de Jesús, la ...ejem...buena nueva.
A todos los creyentes les parecería una crueldad divina que los ignorantes del evangelio tuvieran que ir al infierno, solo por haber nacido en Mongolia, o por haber tenido padres ateos.
De aquí se deduce inmediatamente que si los apóstoles se hubieran callado la boca hace dos mil años y no hubieran divulgado la buena nueva por todo el orbe, el evangelio entero sería hoy desconocido y todos los jugadores serían ganadores e irían al cielo.
Corolario: el mismo efecto han hecho los misioneros modernos, sucesores de los apóstoles. Gracias a ellos el mensaje de Jesús es conocido por personas que antes lo ignoraban y que pasan, de tener el cielo asegurado, a entrar en el juego en el que puden ganar o perder. Los misioneros son catapultas de almas al infierno.
Pero, ¿quien es el personaje bíblico precisamente interesado en llenar de almas el infierno? A ese, y no a otro, es al que sirven los misioneros, como antes lo hicieron los apóstoles. Al portador de la luz...
1: Los cristianos ni siquiera han acabado de ponerse de acuerdo con su doctrina, los católicos piensan que los evangélicos son almas perdidas equivocadas y estos últimos que los primeros son los esbirros del Anticristo.
ResponderEliminar2: Los que estamos fuera de las limitaciones de su juego, sabemos que victoria y derrota son lo mismo, ambas impostoras ( If , Kipling).
3: Menos mal que todos los domingos mis amigos y yo quedamos para jugarnos algún dinero a las cartas, nunca faltan ni Luci ni el Judas.